Hay infinidad de humanos empeñados en hacer cosas por mi bien. Son muy “amables”, pero los quiero lejos de mí. Soy mal pensado. Cuando me hacen esa oferta siempre creo que, en realidad, lo están haciendo por su bien. Los hay de todos los tipos. Por ejemplo, el comercial. Ahí están los que quieren que te cambies de línea de teléfono, los que te regalan una tarjeta de crédito, los de la luz, etc. Te ofrecen el oro y el moro… hasta que caes en sus garras. Luego la letra pequeña es la que se impone. No se puede negar que son harto insistentes. Incluso ahora que se han creado leyes para minimizar las llamadas de spam, siguen con su incansable labor. Ellos me han llevado a no contestar al teléfono salvo que sepa seguro quién me llama.
Un clásico son los sacerdotes, predicadores y practicantes de las diferentes religiones. Te ofrecen el paraíso tras la muerte. A cambio, te aseguran el infierno en vida.
Similares a los de la religión, pero en versión siglo XXI, están los ecologistas/naturalistas. Tienen una imagen en su mente de cómo tiene que ser la Tierra y la vida en la Tierra. Quieren que nada cambie, o que cambie según su criterio, porque consideran que eso es lo mejor para mí, para ti, para los animales y para el universo en general. Henchidos de orgullo por ser los salvadores del planeta, pedalean en sus bicicletas hasta sus puestos de trabajo en la Administración. Suelen ser funcionarios que desde allí controlan nuestras vidas para asegurarse de que todo lo que hacemos es por el bien del cosmos y, consecuentemente, por nuestro bien.
Por supuesto, en este listado no podía faltar mi gremio, el de los sanitarios. Si alguien te va a dar consejos sobre lo que le conviene a tu cuerpo, esos vamos a ser nosotros. Te vamos a decir lo que tienes que comer, cuántos pasos debes dar al día, el tiempo que debes dedicarle al móvil, cuál es tu peso ideal… Si no puedes alcanzar las metas que te proponemos por tus propios medios, te ayudamos con fármacos. ¿Tu vida es penosa y no quieres estar fastidiado ni ansioso por ello? Tranquilo que te tranquilizamos con un tranquilizante. Porque lo que tú quieres, que es que tu pareja te ame, que los amigos no te ninguneen, que en el trabajo te valoren, que los vecinos no hagan ruido por las noches, que el tráfico vaya ordenado, que te puedas comprar un piso sin esclavizarte por ello, tener tiempo para cuidar a tus padres en casa en vez de llevarlos a la residencia, que tus hijos no se droguen, etc., eso no te lo podemos dar. Lo que sí podemos hacer es recetarte una píldora que te pondrá contento, y a nosotros también. Recuerdo hace unos años cuando salió el Prozac (fluoxetina). Aquello se recetaba a diestro y siniestro. Casi cien millones de personas lo han llegado a tomar. Ahora ya no es el Zeus de los fármacos. Los nuevos dioses supremos de la farmacología son los análogos del receptor GLP-1/GIP (Ozempic, Mounjaro y compañía). Te los chutas y tu cuerpo se arregla como si eso fuera el bálsamo de Fierabrás. Protegen tu corazón, mejoran el hígado graso, te baja la inflamación, se arregla tu colesterol y, lo que es más maravilloso, pierdes kilos de grasa y te conviertes en un nuevo Apolo.
He dejado para el final a los políticos. A veces soy benévolo y opino que son gente honesta que anhela un mundo mejor. Lo cierto es que ese pensamiento me dura poco. En general tiendo a creer que solo pretenden medrar y que el motor de su vida y de sus actos es el puro egoísmo. Luego eso también se me pasa y me viene un pensamiento racional (o totalmente loco e irracional). Es entonces cuando opino que solo son mediadores entre los que deciden realmente el devenir de los humanos y el vulgo. Los ponen de varios colores para que la masa esté dividida y no vea realmente de dónde vienen las órdenes. Al final, son algo así como los perros que controlan al rebaño para que se cumplan los deseos del pastor.
Existe en YouTube una versión audiovidual recitada por Luis Fernández Reyes.