Me da igual que la gente fume, se inyecte heroína, se bañe en fentanilo o inhale un kilo de coca por cada caño de la nariz. No es mi problema. Mejor dicho, no debería serlo. Cada uno que haga con su cuerpo lo que le dé la gana, pero sin molestar a los demás. Entiendo que los fumadores se quejen de que los han dejado sin espacios para fumar. Tienen razón. Estoy a favor de que abran bares, cines, parques y lo que sea para que ellos puedan juntarse y fumar a placer. Eso sí, que también haya esos mismos espacios para los que no queramos fumar. No entiendo esa necesidad de mezclar a todo el mundo. Los guetos, siempre que uno elija meterse en ellos de forma voluntaria, me parecen bien. También me parece bien que se permitan las drogas. La legislación actual en España es confusa y ambigua. La impresión que me da, que puede ser totalmente errónea, es que el Estado no busca que la gente no se drogue, sino controlar quién lo hace y quién suministra la mercancía. A veces me da por pensar que, si se comercializara una droga que la consumieran todos los trabajadores hasta el punto de que los inutilizara por completo para su labor, la harían desaparecer en el acto. La frenarían incluso poniendo en marcha la pena de muerte si hiciera falta. Cualquier cosa para que la maquinaria de la esclavitud no dejara de funcionar. En cambio, si el consumo es controlado y no impide que la gente siga haciendo su labor, sin problema. Más negocio. Además, la droga puede ser un medio de control de las masas. Bien conocido es el caso de la CIA y los Panteras Negras en EEUU. Había que “calmar” a los jóvenes radicales. Llenaron sus barrios de heroína y así fomentaron la autodestrucción. Una forma química de acabar con los que molestan. Un caso curioso ocurrió en España en los años ochenta. En aquella época la heroína cabalgaba con alegría por las calles de pueblos y ciudades. Cuando apareció el sida y se comprobó que una de las vías de trasmisión era el compartir jeringuillas usadas, la heroína desapareció de la circulación como por arte de magia.
Posiblemente soy un conspiranoico que vive fuera de la realidad. En todo caso, da igual. Lo que realmente quería decir es que el humo del tabaco me molesta.