sábado, 1 de agosto de 2026

El tabaco. Soneto agosto 2026


 

Me da igual que la gente fume, se inyecte heroína, se bañe en fentanilo o inhale un kilo de coca por cada caño de la nariz. No es mi problema. Mejor dicho, no debería serlo. Cada uno que haga con su cuerpo lo que le dé la gana, pero sin molestar a los demás. Entiendo que los fumadores se quejen de que los han dejado sin espacios para fumar. Tienen razón. Estoy a favor de que abran bares, cines, parques y lo que sea para que ellos puedan juntarse y fumar a placer. Eso sí, que también haya esos mismos espacios para los que no queramos fumar. No entiendo esa necesidad de mezclar a todo el mundo. Los guetos, siempre que uno elija meterse en ellos de forma voluntaria, me parecen bien. También me parece bien que se permitan las drogas. La legislación actual en España es confusa y ambigua. La impresión que me da, que puede ser totalmente errónea, es que el Estado no busca que la gente no se drogue, sino controlar quién lo hace y quién suministra la mercancía. A veces me da por pensar que, si se comercializara una droga que la consumieran todos los trabajadores hasta el punto de que los inutilizara por completo para su labor, la harían desaparecer en el acto. La frenarían incluso poniendo en marcha la pena de muerte si hiciera falta. Cualquier cosa para que la maquinaria de la esclavitud no dejara de funcionar. En cambio, si el consumo es controlado y no impide que la gente siga haciendo su labor, sin problema. Más negocio. Además, la droga puede ser un medio de control de las masas. Bien conocido es el caso de la CIA y los Panteras Negras en EEUU. Había que “calmar” a los jóvenes radicales. Llenaron sus barrios de heroína y así fomentaron la autodestrucción. Una forma química de acabar con los que molestan. Un caso curioso ocurrió en España en los años ochenta. En aquella época la heroína cabalgaba con alegría por las calles de pueblos y ciudades. Cuando apareció el sida y se comprobó que una de las vías de trasmisión era el compartir jeringuillas usadas, la heroína desapareció de la circulación como por arte de magia.

Posiblemente soy un conspiranoico que vive fuera de la realidad. En todo caso, da igual. Lo que realmente quería decir es que el humo del tabaco me molesta.






sábado, 4 de julio de 2026

Holograma. Soneto julio 2026



 



Familiares y amigos me han preguntado muchas veces por qué sigo escribiendo sonetos si no me sirve para nada. Yo también me he hecho la misma pregunta muchas veces. En cada proyecto creativo que emprendo (grabar vídeos, escribir guiones, etc.) empleo tiempo, energía y dinero. A cambio de ese esfuerzo obtengo muy poco. Las versiones audiovisuales de los sonetos reciben unas doscientas a trescientas visitas. Con suerte, unos veinte “Me gusta”. Del libro de poesías que publiqué solo se han vendido cien ejemplares. De las novelas mejor ni hablar. Pese a los pésimos resultados en cuanto a éxito, llevo más de quince años emprendiendo proyectos. Lo seguiré haciendo mientras el cuerpo y, especialmente, la mente aguanten. ¿Por qué? No tengo una explicación. No he encontrado un sentido a la existencia en general, así que mucho menos se la voy a encontrar a mi empeño en escribir. Supongo que se trata de una necesidad. Comemos porque tenemos hambre. Bebemos porque tenemos sed. El deseo nos impulsa a buscar otra carne. Y así con casi todo. Lo curioso es que no hay una palabra para describir la necesidad de crear algo artístico. No existe el equivalente a hambre ni a sed ni a deseo. Creo que hay que inventarse una. Lo voy a hacer yo. Lo haré sin basarme en ninguna palabra relacionada con el tema al que se refiere. Juntaré sílabas y ya está. Me doy un minuto para hacerlo. Pongo en marcha el cronómetro. Tic, tac, tic, tac… La palabra es ensivero. A partir de ahora, el término que para mí hace referencia a la necesidad de crear algo artístico sin esperar nada a cambio es ensivero. Soy consciente de que ese palabro está condenado a vivir muy poco. Ni siquiera puedo afirmar que morirá conmigo. Lo hará mucho antes. Seguro que en un par de semanas no lo recuerdo ni yo.

Existe una versión audiovisual recitada por Luis Fernández Reyes:














lunes, 1 de junio de 2026

Ligero. Soneto junio 2026


 

El sábado pasado (escribo estas líneas el día 13 de mayo del 2026) estuve en un espectáculo de mentalismo realizado por Toni Bright. Me gustó. Fue muy entretenido. El artista interactuaba mucho con el público: les hacía sujetar objetos, decir cifras, etc. Lo menciono aquí porque ocurrió algo que me trajo a la cabeza el soneto de este mes. Toni Bright sacó a una espectadora al escenario y le pidió que pensara en el nombre de una persona querida que hubiera fallecido. El reto del mentalista era adivinar ese nombre. Lo que a mí me interesa mencionar es que el mago preguntó a la espectadora si creía en los espíritus. Concretamente, le pidió que dijera, de 0 a 100, cuánto creía en ellos. Respondió que 0. En ese momento me pregunté cuál sería mi respuesta. Lo cierto es que no es un valor fijo. Cuando estoy en plan racional y solo uso el cerebro, diría que cero. Pero no siempre estoy así. De hecho, me gusta desconectar al vigilante mental (el superyó que diría Freud) cuando las circunstancias me lo permiten. No pensar demasiado y dejarse llevar por las emociones y la ilusión está bien. Cuando estoy en ese plan, mi puntuación para la creencia en los espíritus puede llegar hasta 80 o más. Es reconfortante imaginar que alguien que ha muerto vela por nosotros. La realidad puede ser muy dura y dolorosa. Por qué no rebajar esa aspereza creyendo en un espíritu amistoso que nos protege. Yo lo hago y no me avergüenzo.


Hay una versión audiovisual recitada por Luis Fernández Reyes





viernes, 1 de mayo de 2026

Orgullo médico. Soneto mayo 2026

 



No creo en las películas de buenos y malos. Tampoco que en un gremio, ya sea el de fareros, el de electricistas, el de taxistas u otro cualquiera, todos sean ángeles o demonios. No mitifico. Por lo tanto, estoy muy lejos de pensar que todos los médicos seamos maravillosos. En nuestra profesión hay peseteros, caraduras, drogadictos, inmorales y cualquier adjetivo negativo que uno quiera aplicar. Por supuesto, también existe lo contrario: honestos, íntegros, inteligentes, empáticos, etc. Hay otra cosa que debo comentar: en mi opinión, el médico es el principal enemigo del médico. Dice la leyenda urbana que somos un gremio que nos protegemos unos a otros. Será verdad, pero yo no me lo creo. Después de leer esto te plantearás por qué he escrito un soneto como Orgullo médico. Es lógico que pienses que no tiene sentido. Hasta hace poco para mí tampoco lo tenía. Lo he hecho porque los ataques hacia la profesión que ejerzo se han hecho tan intensos que he sentido la necesidad de reivindicarme. Desde hace muchos años, en Navarra, que es la provincia de España en la que hago mi trabajo, el descrédito hacia la profesión médica es una constante. Los ataques proceden de la Administración (da igual el partido que gobierne en ese momento), de la prensa, de los sindicatos, de otros profesionales sanitarios y de colectivos varios de los que uno se pregunta quién les ha dado vela en este entierro. Por el contrario, tengo la impresión (puede ser totalmente errónea) de que los pacientes, en general, aprecian a los médicos. Hay una disparidad importante entre lo que piensa la población general y lo que opinan los que, supuestamente, les representan. Estos últimos odian a los médicos, al menos en Navarra. Si le preguntas a la inteligencia artificial cuáles son las causas por las que la gente siente odio, su respuesta, tan aséptica como interesante, es la siguiente: “El odio surge principalmente del miedo a lo desconocido, la envidia, el resentimiento por heridas pasadas y la necesidad de cohesión grupal, funcionando como mecanismo de defensa ante amenazas percibidas. Es una emoción compleja impulsada por prejuicios, frustración y la proyección de inseguridades propias sobre otros”. En fin, es lo que hay.


Existe una versión audiovisual recitada por Luis Fernández Reyes:





miércoles, 1 de abril de 2026

El mar. Soneto abril 2026



El mar tiene un atractivo incuestionable. Varias veces he comentado con amigos que algunas ciudades costeras, aunque urbanística y arquitectónicamente sean mediocres, por tener mar nos resultan bonitas.

   Viví cinco años junto al mar. Cuando estuve en Menorca alquilé una casa que estaba muy cerca de la playa. Desde la ventana veía el Mediterráneo. Una de sus versiones más bellas. Ahora es algo que no volvería a hacer. La estética es importante, y ahí era maravillosa. Hoy valoro más otros aspectos. Vivir en la costa tiene sus inconvenientes. Uno de ellos es el ruido. El mar suena. Cuando está picado, suena muchísimo. Hay quien dice que eso le relaja. No era mi caso. A mí ese ruido me ponía de los nervios. Otro elemento a tener en cuenta es la humedad. En mi casa había tanta que te acostabas en la cama y tenías la impresión de que las sábanas estaban mojadas. En estos momentos vivo en el interior. Desde luego el paisaje que veo desde mi ventana es mucho menos bucólico, pero tengo bastante silencio y nada de humedad.

   En el soneto de este mes hablo de lo que realmente siento por el mar. Me atrae, pero también me da miedo. En mi época en Menorca salí unas cuantas veces a navegar. En la mayoría de las ocasiones con barcas pequeñas y destartaladas. Esa es otra cosa que no sé si haría a día de hoy. En aquel momento no tenía ningún miedo a naufragar ni a ahogarme. Curioso que siendo más viejo y teniendo menos que perder le tema más a la muerte.


Existe una versión audiovisual recitada por Luis Fernández Reyes.





domingo, 1 de marzo de 2026

Libre. Soneto marzo 2026

 


Los seres humanos tenemos muchas necesidades. Algunas son físicas, como comer, evacuar, dormir, etc., y otras emocionales: amor, compañía, consuelo… La obligatoriedad de aliviar esas necesidades hace que no podamos ser completamente libres. De hecho, el concepto de libertad es subjetivo y relativo. Es más una idea que una realidad. Nino Bravo cantaba “libre como el sol cuando amanece”, pero el sol no es libre. Está sometido a las leyes de la física y del universo. Explico todo esto porque quiero dejar claro que estoy muy lejos de tener un concepto idealizado de la libertad. De hecho, es fácil que el soneto se interprete mal. El lector puede pensar que me quejo de que no soy libre, cuando no es así. Lo que me molesta es que me estén diciendo constantemente que lo soy. Tengo cierto grado de libertad. Vivo en España, lo que supone un alivio en comparación con otros países. Aquí no te imponen un dios y te dejan tener sexo consentido con quien quieras. Sin embargo, hay varios deberes que cumplir, que supuestamente son por nuestro bien. Uno de ellos es la obligatoriedad de la educación. Si no llevas a tu hijo al colegio, el Estado te lo quita y lo entrega a otra familia. Eso es algo que la sociedad ha asumido como normal. A mí me plantea bastantes dilemas éticos. Otra de las cosas que es obligatoria es trabajar para el Gobierno. Ese esfuerzo que realiza el ciudadano lo entrega en forma de impuestos. En mi caso, entre impuestos directos e indirectos, al año trabajo siete meses para el Estado y cinco para mí. No soy un esclavo, sino un medioesclavo. Los diferentes gobiernos hacen con el dinero que recaudan lo que les da la gana. Yo, a mis 62 años, no he decidido nada de nada.



domingo, 1 de febrero de 2026

Neurotransmisores. Soneto febrero 2026

 



La expresión “hay química entre ellos” me gusta. Toma una pincelada de ciencia para decir que dos personas se atraen. Al que se le ocurrió debía de estar estudiando los neurotransmisores. Si hoy preguntamos a Google cuál es el motivo de que dos individuos se gusten, nos responde lo que a continuación pego:

   “La atracción entre dos personas es un complejo proceso científico impulsado por la neuroquímica (dopamina, oxitocina, serotonina), la biología (feromonas, compatibilidad del sistema inmune) y la psicología (empatía, sincronía, intereses comunes), que involucra la liberación de químicos para generar euforia y apego, buscando la reproducción y la conexión, y se evidencia en la atención focalizada y la resonancia fisiológica mutua.”

   La verdad es que semejante explicación le quita bastante romanticismo al asunto.

   No creo que el resumen de Google sea suficiente para explicar los motivos de la atracción física entre humanos. Seguro que algo se nos escapa. Mientras lo descubrimos, disfrutemos unos de otros.


Existe una versión audiovisual recitada por Luis Fernández Reyes:





jueves, 1 de enero de 2026

Envejecer. Soneto enero 2026

 


Empecé a escribir el soneto «Envejecer» en un tono pesimista, aunque sin ser consciente de ello. Me pasa con mucha frecuencia. Tiendo a reflejar más veces las cosas malas de la vida que las buenas. Es un poema que no escribí de un tirón. Primero hice los dos cuartetos. Luego pasó un tiempo en el que lo ignoré. Fue al retomarlo cuando me di cuenta de que era muy negativo. Mostraba una visión del envejecimiento muy oscura. ¿Seré un edadista antianciano? Espero que no. Sería ridículo que yo, que ya he cumplido los sesenta y dos años, tuviera animadversión a los viejos. La explicación de por qué estaba resultando tan desolador ya la he dado al principio: tengo una tendencia natural a centrarme en lo peor, tendencia que traté de corregir mientras lo terminaba. Intenté por todos los medios ser positivo en los tercetos. El resultado final ha sido un soneto bipolar, con una parte depresiva y otra maniaca.




miércoles, 24 de diciembre de 2025

Villancico 2025

 


Cada año me gusta grabar un vídeo para felicitar la Navidad y desear lo mejor a todas aquellas personas que, como tú, visitan mis redes sociales. En esta ocasión me he atrevido a cantar un villancico. He escrito la letra, que por supuesto es un soneto, he creado la melodía (espero que mi subconsciente no me haya hecho una mala pasada y haya plagiado a alguien sin darme cuenta) y me he atrevido a cantarlo, aunque en esto último he hecho algo de trampa. Canto todo el villancico, pero he añadido tantas capas de inteligencia artificial (voces e instrumentos) que he quedado enterrado en el fondo de la música y casi no se me escucha.

    Muchas gracias por seguir mis obras. Como he dicho al principio, te deseo lo mejor. No solo para estos días navideños, sino para el 2026 y años futuros.