Empecé a escribir el soneto «Envejecer» en un tono pesimista, aunque sin ser consciente de ello. Me pasa con mucha frecuencia. Tiendo a reflejar más veces las cosas malas de la vida que las buenas. Es un poema que no escribí de un tirón. Primero hice los dos cuartetos. Luego pasó un tiempo en el que lo ignoré. Fue al retomarlo cuando me di cuenta de que era muy negativo. Mostraba una visión del envejecimiento muy oscura. ¿Seré un edadista antianciano? Espero que no. Sería ridículo que yo, que ya he cumplido los sesenta y dos años, tuviera animadversión a los viejos. La explicación de por qué estaba resultando tan desolador ya la he dado al principio: tengo una tendencia natural a centrarme en lo peor, tendencia que traté de corregir mientras lo terminaba. Intenté por todos los medios ser positivo en los tercetos. El resultado final ha sido un soneto bipolar, con una parte depresiva y otra maniaca.