Los seres humanos tenemos muchas necesidades. Algunas son físicas, como comer, evacuar, dormir, etc., y otras emocionales: amor, compañía, consuelo… La obligatoriedad de aliviar esas necesidades hace que no podamos ser completamente libres. De hecho, el concepto de libertad es subjetivo y relativo. Es más una idea que una realidad. Nino Bravo cantaba “libre como el sol cuando amanece”, pero el sol no es libre. Está sometido a las leyes de la física y del universo. Explico todo esto porque quiero dejar claro que estoy muy lejos de tener un concepto idealizado de la libertad. De hecho, es fácil que el soneto se interprete mal. El lector puede pensar que me quejo de que no soy libre, cuando no es así. Lo que me molesta es que me estén diciendo constantemente que lo soy. Tengo cierto grado de libertad. Vivo en España, lo que supone un alivio en comparación con otros países. Aquí no te imponen un dios y te dejan tener sexo consentido con quien quieras. Sin embargo, hay varios deberes que cumplir, que supuestamente son por nuestro bien. Uno de ellos es la obligatoriedad de la educación. Si no llevas a tu hijo al colegio, el Estado te lo quita y lo entrega a otra familia. Eso es algo que la sociedad ha asumido como normal. A mí me plantea bastantes dilemas éticos. Otra de las cosas que es obligatoria es trabajar para el Gobierno. Ese esfuerzo que realiza el ciudadano lo entrega en forma de impuestos. En mi caso, entre impuestos directos e indirectos, al año trabajo siete meses para el Estado y cinco para mí. No soy un esclavo, sino un medioesclavo. Los diferentes gobiernos hacen con el dinero que recaudan lo que les da la gana. Yo, a mis 62 años, no he decidido nada de nada.
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