Es muy frecuente que se diga que la franja que separa al amor del
odio es estrecha. Me creo esa afirmación. Conozco a más de una
pareja que, en cuestión de semanas, ha pasado de quererse
apasionadamente a detestarse. Añadiría que la franja que separa al
amor o al odio de la indiferencia también es estrecha. La mayoría
de los lectores opinarán como yo. Lo que puede generar más
discrepancias es la anchura de las tres áreas, es decir, la del
amor, la del odio y la de la indiferencia. Uno puede pensar,
conociendo a gente que ha aguantado enamorada durante décadas, que
la extensión del amor es tal que puedes moverte libremente por ella
sin riesgo a salirte por un despiste o un accidente. Sin embargo,
para mí es tan fina como una cuerda floja. Mantienes el equilibrio
durante un tiempo y de pronto caes por un lado, y te estrellas contra
el odio, o por el otro, y te la pegas contra la indiferencia. En el
caso del soneto de este mes, el o la protagonista se ha estampado en
el de la indiferencia. Mucho me temo que la cuerda del amor le queda
demasiado lejos para que se pueda volver a subir a ella.
Existe una versión audiovisual recitada por Luis Fernández Reyes:
Si tuviera que elegir una palabra para este soneto sería "amalgama".
ResponderEliminarEn qué grado de sufrimiento se encuentra el protagonista?
Del 1 al 10.