No creo en las películas de buenos y malos. Tampoco que en un gremio, ya sea el de fareros, el de electricistas, el de taxistas u otro cualquiera, todos sean ángeles o demonios. No mitifico. Por lo tanto, estoy muy lejos de pensar que todos los médicos seamos maravillosos. En nuestra profesión hay peseteros, caraduras, drogadictos, inmorales y cualquier adjetivo negativo que uno quiera aplicar. Por supuesto, también existe lo contrario: honestos, íntegros, inteligentes, empáticos, etc. Hay otra cosa que debo comentar: en mi opinión, el médico es el principal enemigo del médico. Dice la leyenda urbana que somos un gremio que nos protegemos unos a otros. Será verdad, pero yo no me lo creo. Después de leer esto te plantearás por qué he escrito un soneto como Orgullo médico. Es lógico que pienses que no tiene sentido. Hasta hace poco para mí tampoco lo tenía. Lo he hecho porque los ataques hacia la profesión que ejerzo se han hecho tan intensos que he sentido la necesidad de reivindicarme. Desde hace muchos años, en Navarra, que es la provincia de España en la que hago mi trabajo, el descrédito hacia la profesión médica es una constante. Los ataques proceden de la Administración (da igual el partido que gobierne en ese momento), de la prensa, de los sindicatos, de otros profesionales sanitarios y de colectivos varios de los que uno se pregunta quién les ha dado vela en este entierro. Por el contrario, tengo la impresión (puede ser totalmente errónea) de que los pacientes, en general, aprecian a los médicos. Hay una disparidad importante entre lo que piensa la población general y lo que opinan los que, supuestamente, les representan. Estos últimos odian a los médicos, al menos en Navarra. Si le preguntas a la inteligencia artificial cuáles son las causas por las que la gente siente odio, su respuesta, tan aséptica como interesante, es la siguiente: “El odio surge principalmente del miedo a lo desconocido, la envidia, el resentimiento por heridas pasadas y la necesidad de cohesión grupal, funcionando como mecanismo de defensa ante amenazas percibidas. Es una emoción compleja impulsada por prejuicios, frustración y la proyección de inseguridades propias sobre otros”. En fin, es lo que hay.
Existe una versión audiovisual recitada por Luis Fernández Reyes:
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