A veces siento la necesidad de escribir. A pesar de mi inconstancia he conseguido terminar dos novelas, una obra de teatro, varios sonetos y algunas cosas más. Si quieres enviarme un comentario sobre algo de lo que hayas leído en mi blog puedes hacerlo a esta dirección de correo electrónico: andres.garralda@gmx.es
Este soneto es solo un conjunto de reflexiones sobre la vida. Ya intenté algo parecido en "La mala profesora". Ese poema no tuvo una buena aceptación. Tampoco el vídeo, al que le dediqué bastantes horas que no obtuvieron recompensa. "La vida, sin más", tanto en la versión escrita como en la audiovisual, recitada por Luis Fernández, es un intento de darle un nuevo enfoque.
Recientemente devoré una novela negra que me encantó. Su lectura me animó a escribir este soneto. Sigue los tópicos del género noir. Lo que más me gustó no fue su trama (era una historia de amor en el mundillo de las drogas), sino la forma en la que estaba escrita. El estilo y las palabras que empleaba el autor eran tan afilados como cuchillos. He intentado trasladar ese lenguaje cortante a mi poema para darle rudeza. No sé si he conseguido lo que buscaba. Tal vez el resultado solo sea una ordinariez. El tiempo lo dirá.
Hay una versión audiovisual recitada por Luis Fernández
Desde hace un tiempo, en España, se ha ido retrasando la edad de
jubilación. En unos meses habrá alcanzado el valor definitivo. Uno
podrá retirarse a los 67 años (a los 65 si ha trabajado más de 38
años y medio). Hay quien opina que es demasiado pronto. De
hecho, de vez en cuando surge lo que podríamos llamar una oleada de
noticias dedicada a crear opinión pública en favor de retrasar más
esa edad. Esas noticias se difunden por todos los medios: televisión,
prensa, redes sociales… A mí me parecen campañas orquestadas por
alguien que se beneficia del trabajo ajeno. En esas campañas no se
incide en que un trabajador entrega al Estado, entre impuestos
directos e indirectos, la mitad de su vida laboral. De 40 años de trabajo, solo disfruta de los beneficios de 20. La jubilación marca
la devolución por parte del Estado de lo que previamente le ha sustraído al
trabajador. La cuestión es que a una parte de los
que controlan el Estado, porque el Estado no es un ente abstracto,
sino que lo manejan personas con nombres y apellidos, no le hace
ninguna gracia devolver ese dinero. Les parece mucho mejor emplearlo en quién les apetece y para lo
que les apetece. Desde su punto de vista lo ideal sería que la gente
trabajara hasta morir. Una forma de conseguir este objetivo es retrasar la jubilación. El trabajo no es salud, sino todo lo contrario. Esto no lo digo yo, sino que lo dicen estudios científicos. El año pasado se publicó uno muy interesante. Se titula The Effect of Removing Early Retirement on Mortality. Son sus autores Cristina Belles-Obrero, Sergi Jiménez-Martín y Han Ye. Clicando en la palabra enlace puedes acceder al documento.
Luis Fernández recita la versión audiovisual del soneto:
La población occidental puede dividirse de muchas maneras. Una nada
útil estaría relacionada con la Navidad. Podíamos establecer tres
grupos: el de los que les gusta la Navidad, el de los que no les
gusta y el de los que ni fu ni fa. Este último sería el más
pequeño. Es raro que esas fechas dejen indiferente. Más frecuente
es que la ames o la odies.
Tengo la impresión
de que en la infancia el grupo de los que la aman es mayoritario. Con
los años muchos pierden la ilusión y cambian de bando. En edades
avanzadas el grupo de los que la odian gana por goleada.
Yo tengo ya un buen
montón de años. Sin embargo, me sigue gustando la Navidad. Eso no
quiere decir que me sienta especialmente feliz o alegre. Me suele
pasar lo contrario. La melancolía es mi sentimiento principal
durante esos días. Una suave tristeza sin motivo. Algo similar le
ocurre al protagonista del soneto Año Nuevo. Sin causa
aparente, se siente mal al cambiar de año. Quizá es que, para él,
pesa más lo que deja atrás que lo que espera recibir en el futuro.
Aunque tenemos cierto parecido, yo no me lo tomo tan mal como él.
Todavía soy capaz de manejar la mezcla de ilusión e incertidumbre
sin que me estalle en la cara.
Existe una versión audiovisual recitada por Luis Fernández Reyes:
"Gracias" es un soneto que escribí para finalizar los actos de presentación del libro "Sonetos 2015-2024". Una forma de agradecer al público su asistencia y de animarlos a adquirir un ejemplar.
La editorial Olé Libros ha publicado un libro que recopila todos los sonetos que he escrito desde 2015 hasta 2024. Aunque todos esos poemas ya han sido publicados en el blog, no quería que desaparecieran en el ciberespacio en cualquier momento. Deseaba que estuvieran en papel. Si quieres comprarlo, puedes hacerlo en el enlace que pongo más abajo. Tiene un precio de 17 euros.
Hasta el momento he tenido una vida más o menos feliz. No siempre ha
sido fácil y no todo han sido alegrías. Sin embargo, comparado con
lo que han tenido que padecer otros, no puedo quejarme. El problema
es que los buenos tiempos no son eternos. Vendrán los malos y los
peores. De vez en cuando pienso en ellos y me pregunto si tendré
valor para hacer lo que, a día de hoy, considero adecuado.
Este poema está incluido en el libro "Sonetos 2015-2024"
Hace unos meses un conocido me comentó que se había vuelto incapaz
de amar. Tras haber estado casado durante diez años su esposa lo
abandonó. Tardó bastante tiempo en recuperarse, pero lo hizo.
Conoció a otra mujer y se casó de nuevo. Hacía unos trece meses
que esa última pareja había muerto. Me decía que había superado
parcialmente el luto. Era capaz de disfrutar de algunas cosas: salir
a caminar por el monte, leer un libro, ver alguna serie… No estaba
triste las veinticuatro horas del día todos los días. Sin embargo,
no había vuelto a sentir amor. No solo eso, estaba seguro de que
nunca volvería a sentirlo. Le dije, admitiendo mi ignorancia en esos
trances, que quizá era pronto para eso, pero que ya llegaría. Él
negó esa posibilidad. Se sentía tan condicionado como el perro de
Paulov. Tenía la certeza de que no amaría más porque su mente no
se lo iba a permitir. Pasar por lo mismo una tercera vez lo volvería
loco. De alguna manera, había renunciado al amor.
En el soneto de
este mes al protagonista le pasa algo parecido, pero con una
diferencia muy importante. Él se siente incapaz de amar. Esa
incapacidad le surge del corazón o del alma, no de la razón, que es
lo que le ocurre a mi conocido.
Este poema está incluido en el libro "Sonetos 2015-2024"
En la versión audiovisual de este soneto, presentada por Alicia
Zubicoa y recitada por Luis Fernández, he mostrado algunos titulares
de prensa sobre casos de supervivencia asombrosos. Uno de los más
llamativos, y del que se llegó a hacer un documental, fue el de
Juliane Koepcke. En el año 1971 viajaba en un avión que fue
alcanzado por un rayo. El aparato comenzó a arder y a desintegrarse
en pleno vuelo. No se sabe cómo, Juliane sobrevivió a la caída y
al impacto contra el suelo. Seguía de una pieza, pero su calvario no
había terminado. Había ido a parar a la selva peruana. Allí estuvo
sola, sin alimentos y expuesta a mil peligros durante nueve días,
hasta que unos trabajadores la encontraron. Milagrosamente había
salido bien parada y podía contar su historia.
Aunque en el vídeo
he mostrado el caso de Juliane y otros parecidos, no fueron esos
actos de supervivencia los que me inspiraron el soneto Resistir.
Al escribirlo ocupaban mi mente
hechos mucho más cotidianos y frecuentes que todos hemos vivido. La
vida pega duro. Es verdad que a unos más que a otros, pero a la
larga nadie se libra de recibir una «paliza».
Mientras lo escribía pensaba, por ejemplo, en la gente que trabaja
hasta la extenuación por un sueldo miserable, en los que son
acosados en el colegio, en los extorsionados por mafias, en los
acusados injustamente y en otras cosas más. Especialmente estaban en
mi mente los que luchan contra enfermedades graves. En un intento de
evitar la muerte aguantan el dolor y se someten a tratamientos
médicos y quirúrgicos tan terribles como un suplicio medieval.
Este poema está incluido en el libro "Sonetos 2015-2024"
Un nuevo soneto de amor. En esta ocasión no se trata de algo
pasional ni dramático. Hablo del sentimiento que perdura en el
tiempo. Para que eso ocurra no puede alimentarse solo de lo que le da
el corazón, necesita también recibir nutrientes del cerebro. Las
parejas que funcionan durante años y años es porque tienen un
propósito y una forma realista de entender la evolución del afecto.
Hay quien necesita permanentemente el subidón del enamoramiento. Sin
duda es la fase que más hormonas y neurotransmisores libera. De ahí
que muchos busquen una nueva pareja en cuanto la convivencia con la
previa se estabiliza. Manual para tejer amor no habla de
ellos, sino de los que asumen que nadie es perfecto y que toda
relación esta llena de altibajos que hay que vencer.
Este poema está incluido en el libro "Sonetos 2015-2024"